17/1/09

GEOBIOLOGÍA. HERMANA PIEDRA

¿Quien no ha emulado a los grandes ases del balón, arreándole un puntapié a una humilde piedrita que se interponía en nuestro camino? El reino mineral es considerado en nuestra cultura mecanicista como un mundo sin vida y carente de objetivos del cual, podemos servirnos a nuestro antojo. Sin embargo, desde una perspectiva holística apreciamos que tras la apariencia burda y despreciable del suelo que pisamos se halla la base del desarrollo y evolución de los demás reinos de la Naturaleza. Sin la humilde piedra no es posible la existencia del manto vegetal y sin este la vida animal y humana sería inviable.

Tal y como reza la tradición, en términos absolutos no existe nada inanimado en el Universo y esta afirmación compete también a la piedra. En este sentido el mundo mineral, al igual que el resto de la creación, está sujeto y reacciona a las influencias del Cielo cargándose y descargándose de energía y afectando directamente por consiguiente, al desarrollo de las plantas. Los agricultores que aun conservan las técnicas tradicionales y los practicantes de la agricultura biodinámica saben mucho de este aspecto poco conocido de la Naturaleza.

Pero la piedra no solamente está sujeta a las influencias de los astros, sino que también es sensible al influjo del entorno del cual se impregna y una vez saturada lo irradia. Mucho de esto conoce el sabio pueblo piel roja cuando asegura que las piedras "escuchan y hablan". Así el líder espiritual de los indios Hopi, Kuwanijuma afirmaba "El hombre no es el único que tiene memoria. La Tierra recuerda, las piedras recuerdan. Si sabéis escuchar os contarán muchas cosas". Es una pena que la gran mayoría de la personas desconozca su lenguaje. Todos los geobiólogos hemos sido testigos en más de una ocasión de fenómenos de impregnación, también llamados "memoria de las paredes", que atañen a algunos lugares que han sido testigos de especiales estados emocionales. Seguramente, este hecho es debido a las micro partículas de cuarzo cuya estructura tetraédrica al igual que la del agua propicia la captación de información de otras dimensiones espacio-temporales. Así pues, la piedra posee la propiedad de interaccionar con el entorno, siendo especialmente sensible a la acción humana cuando actúa desde una conciencia impregnada de sentimiento.

En nuestras casas las piedras también pueden cumplir una función terapéutica. Veamos: según el leguaje popular, un hombre sin aristas es aquel que a través de las vicisitudes de la vida ha sido capaz de ir moldeando su carácter hasta hacerlo sereno y flexible. Paralelamente, podríamos decir que algunas piedras también han sufrido los avatares de la vida. Observemos como los envites de los elementos de la naturaleza que las han modelado, suavizado… se trata de los cantos rodados. La naturaleza es, no solamente sabia sino también protectora y procura además, de la manera más sencilla todos aquellos elementos que necesitamos para que nuestra vida se desarrolle por derroteros de armonía y equilibrio. Solamente unos pocos cantos rodados colocados con conciencia y de forma intuitiva en espacios que sintamos conflictivos pueden atraer e irradiar armonía. La piedra, la humilde piedra también está dispuesta a contarnos sus secretos. Solamente necesitamos escucharla